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Maniadinerado

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Con la desaparición de la sucursal bancaria que tenía a pocos metros del local se me ha incrementado el peso de la gestión con el dinero en metálico. Antes bastaba una salto para realizar un pago urgente, cambiar monedas por billetes o lo contrario y, bueno, todo lo que se hace en un banco normalmente. Además, le tenía pillados los horarios de menos frecuencia así sabía cuando caerles o pedir a alguno de los míos que me haga la gestión. También resultó un periódico menos a vender cada día, en ocasiones mas de uno y alguna que otra promoción.

Pero es que éste hecho no solo me afecta a mí, también a todos los vecinos de la zona que, mira tú, son mis clientes, y de pronto he notado un aumento de ese gran grupo de personas que creen que el kiosquero es equivalente a proveedor de monedas para cambio. Encima el haber incorporado la máquina de tabaco que hace que el 99% de sus usuarios me pida "cambio pa'tabaco".

Aquí hay verdaderos especialistas, el del doble cambio que quiere para tabaco y me da un billete de 50 euros, alguno muestra hasta sorpresa ante una inevitable negativa. Y está una que me compra tabaco de vez en cuando pero ya lleva un par de veces haciendo como que quiere cambio para tabaco, toma las monedas, se da la vuelta y marcha.

Soy bastante maniático con el manejo del metálico, tanto que soy consciente de que me exige un esfuerzo superior al que debería ser. Cuando ingreso dinero en el banco me gusta que sea en billetes de veinte y cincuenta euros, precisamente porque si es menor siento que estoy perdiendo material para el cambio, luego al dar el cambio a alguien que se gasta diez euros y paga con un billete de cincuenta tiendo a dar cuatro billetes de diez y no dos de veinte para no reducir la cantidad de dinero a ingresar en el banco después, algo absolutamente inútil que solo trae que aumentes las probabilidades de que se me agoten los de diez con el peligro de que tenga que tirar de los de cinco y salten las alarmas quedándome solo con billetes gordos...

Otra manía contradictoria son las monedas rubias, esas de uno y dos céntimos que en Finlandia tuvieron la feliz idea de desecharlas desde el mismo instante en que surgió el euro, no las quiero ver ni en pintura pero. Padezco de la absurda sensación de que si las voy llevando al banco no salen de ahí y así algún día acabaré con ellas, eso provoca que tenga a la vista el chisme ese de poner las monedas y esté al tanto del momento en que por fin llegue al número de cincuenta para meterlas en el blister y certificar su "defunción". Luego no es raro verme presto a recibir pagos en esa monedas, ¡Exactamente todo lo contrario a mis deseos originales!.

Y ya que hablamos de blister, que son esas cosas de plástico tan prácticas para almacenar monedas, pero ahora, sin sucursal cercana, me imponen otro criterio mas para decidir qué monedas guardo y cuales priorizo en dar el cambo. Cuando se me agotan los blister para monedas de determinado precio les doy salida via cambio, generando a veces miradas de sorpresa por el receptor de ese cambio porque no siempre es grato que te carguen de un exceso de chatarra de poco valor. Afortunadamente la gente suele aceptar amablemente cuando les digo con un toque de angustia, como disculpándome, que no tengo monedas de otro valor, (suele no ser cierto pero no creo que salga del trance mas fácil haciendoles historias de blisters y lejanas sucursales bancarias)

Otro instrumento del que me valgo para mantener este obsesivo y maníatico equilibrio monetario son las dos máquinas que tengo, una de tabaco y otra de vending, ésta última también requiere estar surtida para cambio porque yo la manejo directamente, aparte de su rentabilidad me surte de monedas de uno y dos euros y puedo deshacerme cuando hay un exceso de las de valor mas pequeño (uno y dos céntimos no), tiene la ventaja de no tener que ofrecer ningún tipo de disculpas al usuario. La otra, la de tabaco, ya no es tan comprensiva, lleva una especie de contador que cuando te excedes en determinado número segun que valor tenga la monedad, te las devuelve de un modo bastante insultante. Estar echando monedas de cinco céntimos durante un buen rato llega a resultar algo desesperante pero cuando toda esa labor se viene a abajo de la manera tan escandalosa que produce la caída repentina de decenas de monedas ya puede generar algún pequeño shock. Suelo advertirlo, hay quien suele no hacerme caso y al final el cabreo es doble porque, no nos engañemos, jode que se ponga en evidencia la tozudez propia.

En fin, que supongo que muchos colegas no se vean reflejados en la parte más maniática de estas historias pero estoy seguro que alguno las padece y me consuela, para mi equilibrio mental, que haya alguno peor que yo en este sentido. De cierta manera las manías son terapia.

xeanpaulJean Paul escobar (desde Valladolid)

 

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EUROmodul stand TRANSFORMER 7 Abril 2013 Video Portada
EUROmodul stand TRANSFORMER
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