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Un sábado en Madrid

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A veces las cosas se precipitan y se entremezclan y el destino, que como sabemos tiende irremediablemente al caos, se las arregla para poner un insólito orden en las cosas y en los momentos. Quiero decir que yo no habría podido estar en Madrid el cinco de marzo si unos días antes y sin saber que iba a estar invitado, no hubiera cerrado definitivamente el quiosco; ni posiblemente Rafael Artacho habría pensado en mí a la hora de conceder uno de los Premios Avecoma si yo no hubiera podido viajar a Madrid a recogerlo. Por alguna parte los hados rompieron ese extraño círculo vicioso y el día cinco de marzo, casi sin darme cuenta, me encontraba junto a los representantes de varias asociaciones en un hotel de Fuenlabrada.

Viajamos el viernes y después de todo un día de carretera sin sobresaltos, nos recibió la nieve a setenta kilómetros de la capital; mientras el abundante tráfico que salía de Madrid se atascaba en el carril contrario –muchos pasarían allí la noche, lo supe después por las noticias-, nosotros pasábamos pisando huevos a veinte por hora haciendo patinaje artístico en cuanto nos salíamos un poco de la rodada del coche que nos precedía, a veces incluso sin salirnos de ella. No respiré con normalidad hasta pisar la M-50, en la que, por si las tres horas que tardamos en hacer ochenta kilómetros hubieran sido poco, nos esperaba un corte en la salida que debíamos tomar hacia Fuenlabrada, por lo que tuvimos que seguir de frente poniendo a prueba el GPS, que hay que reconocer que se ganó el sueldo metiéndonos por mil caminos y cruces pero dejándonos al final en la puerta del hotel.

No debo extenderme en detalles, lo importante son los actos y no el viaje, y al día siguiente a las doce y media nos presentamos en Móstoles, donde la Agrupación Nacional de Vendedores de Publicaciones (ANVP) se hacía mayor y se presentaba en sociedad de la mano del Alcalde, Esteban Parro, del presidente de ATA, Lorenzo Amor, y de su primer presidente, Rafael Artacho, que nos contó lo muy ilusionado que está con este nuevo proyecto desde el que aboga por la modernización del quiosco y por la búsqueda de alternativas y nuevas líneas de negocio, así como por la negociación con la Administración para conseguir una modificación a nuestro favor en la fiscalidad y la tributación de los puntos de venta que se ajuste a la realidad actual: Reducción de módulos y del recargo de equivalencia, IVA cero para la prensa escrita, etc.

No sé si mi impresión y mi opinión sobre ANVP pueden ser objetivas; yo estuve entre los fundadores de la Agrupación cuando en su día pensamos que hacía falta una nueva asociación que rompiera la línea estática que seguían las existentes, y habría estado en esa primera Junta Directiva de haber mantenido abierto mi quiosco. Sin embargo pienso que no yerro si digo que ANVP nace sana, sin ningún tipo de lastre y con ganas y fuerza para convertirse en el referente a seguir en la lucha por unas condiciones justas para los vendedores de prensa y las asociaciones provinciales. Y ANVP no podía nacer con un mejor presidente que Rafael Artacho, una persona íntegra y luchadora y sobre todo abierta al diálogo. Prueba de ello es que lo primero que ha hecho nada más ser elegido presidente ha sido tender una mano a COVEPRES en un intento de entendimiento y búsqueda de unos objetivos comunes a los que llegar luchando juntos en la misma dirección.anvp

Me gustó y creo que es muy importante, algo que escuché a Rafael Artacho en una conversación entre amigos y que, aunque no recuerdo las palabras exactas, se podría resumir en que en ANVP no va a existir ningún tipo de oscurantismo. Toda reunión, negociación o proyecto se hará con luz y taquígrafos y de todo movimiento se dará información pública de principio a final. La verdad y la luz es la mejor política que se puede tener.

A pesar de ser una gota en este océano de gente que pulula por internet, uno se siente orgulloso cuando se acuerdan de él y le reconocen, no sé si los méritos, que dependen más de los  éxitos que de las intenciones, pero sí el esfuerzo puesto en alcanzar objetivos comunes y sobre todo en poner un poco de luz en la penumbra dispersa que envuelve nuestro trabajo. Acudí a la cena de AVECOMA con más dudas que orgullo, pensando en el berenjenal de mil demonios en el que me había metido Rafael Artacho nombrándome merecedor de un premio por mis opiniones en la red. No estoy acostumbrado a audiencias de más de cuatro amigos alrededor de la mesa de un bar, y aquello se me hacía un poco grande. Escribí unas líneas el día anterior para leer agradeciendo el premio y me encomendé a todos los santos que conozco para que me sujetaran las piernas y me soltaran la lengua, que seguramente se me habría paralizado en el momento de dirigirme al público.

Me llevé un par de camisas y dos o tres corbatas con las que combinarlas porque me habían dicho que a la cena había que ir elegantes. Me afeité el aspecto de náufrago que tenía antes del viaje y repasé una y mil veces el pequeño discurso de agradecimiento. A la hora de la verdad la corbata me ahogaba y decidí dejarla en la maleta. Luego comprobé que había sido un error porque solo las mujeres y yo íbamos sin ella; pensé que tendría que habérmela traído en un bolsillo, pero ya era tarde.

Valor y al toro. Cuando Rafael Artacho anunció mi nombre, aquella sala repleta de gente se sumergió en una espesa niebla de la que no salí hasta que mi mujer me agarró de un brazo y me arrastró hasta la calle para fumar un cigarrillo. Por lo que me cuentan, y a pesar de que se notaban mis nervios temblorosos, no hice demasiado el ridículo. Leí bien el papel, posé para la foto –con el premio al revés, no se cachondeen-, dí la mano a quien debía darla y cumplí el papel más o menos dignamente.avecoma03

A partir de ahí todo fue más fácil. Compartí conversación con Gaspar (A Coruña) y Xaquín y señora (Santiago), dos veteranos con mucha experiencia a sus espaldas, con Juan Carlos (Valladolid), con Julio Dueñas (Tarragona), con el compañero de columna y amigo Antonio Linares y señora (Pies para quiosquero), con Eloy (del chat de Sevilla), que vino a saludarme muy amable y con el que apenas intercambié unas palabras antes de perderlo entre la multitud y con un sinfín de personas, conocidas, desconocidas, anónimas, amables, sonrientes, alegres…

Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, decía mi padre. Me hubiera gustado conocer a Haddock, que no pudo ir, a Rafael de Sevilla, que tampoco, a Bandolera, que se quedó en Barcelona cuidando a sus cristobitas, a mis compañeros de columna, a mis amigos del chat, a mis conocidos del foro… Pero estoy seguro de que habrá más oportunidades y sé de buena tinta que algo se está organizando por ahí.

Nos veremos detrás de unas birras. Lo prometo.

opinion5_1Alfonso Garrido (O Cura de Fruime) desde Pontevedra

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EUROmodul stand TRANSFORMER 7 Abril 2013 Video Portada
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