Cuando Tirso de Molina, en La Alhóndiga, no era todavía plaza sino un secarral con palos plantados con alambres que hacían de tendederos para las mujeres del barrio y servía de campo de fútbol improvisado para los chavales se instaló una pequeña caseta de madera con las publicaciones de la época.
Era 1972 y nacía Prensa Paco, el kiosco de Francisco Pérez, o “el señor amable”, como se están refiriendo a él (en Facebook) los mozuelos que hace años accedían al puesto buscando, por ejemplo, “el número 3 del volumen 2 de La Masa”.
Comenzaba para Paco una vida kiosquera que ahora, 40 años después, termina por jubilación.
A partir del 12 de febrero de 2012 dejarán de entrar revistas a un puesto que ha servido de punto de encuentro y de confesionario, que ha sido testigo desde su pequeña ventana del crecimiento del barrio e incluso protagonista de episodios de la historia como las huelgas de trabajadores o refugio para aquellos que huían, en épocas pasadas, de los palos de las autoridades.
En él también nació el amor. Paco conoció a Mali (Amalia Pascual), su mujer y antes clienta habitual y coleccionista del álbum de Heidi, y a partir de los 80 los dos eran los encargados de colocar y desmontar a diario la prensa, de lunes a domingo.
“Yo nunca soñé con ser kiosquera, pero venía incluido en el pack”, suele decir habitualmente Mali ante las risas de quien escucha.
Cuando llegaron sus hijos Santi y Daniel fueron siempre cuatro manos más. Sacrificado. Fue la señora Ana, la madre de Paco, y su empeño por buscar trabajo al hijo, la que consiguió, hablando hasta con el cura, la licencia para montar el chiringuito en aquel año 72. “Pero faltaba el kiosco y fue Paco de la calle Madrid, quizá el kiosquero más antiguo de Getafe, el que cambió el suyo y me dejó el viejo que tenía de madera”.
En el 75 llegaría el de aluminio.En los comienzos, cuando no había distribuidoras en Getafe, “mi madre cogía el Adeva y los dos carros de la compra y se iba a Madrid” para llenarlos de las revistas que luego había que colocar. Mientras, su hijo ya estaba con el kiosco abierto.
En 40 años como kiosquero Paco ha sido testigo de los cierres de El Alcázar, Arriba, El Caso, Ya... Y de los nacimientos de El País, El Mundo, Diario 16... Los principios de la informática con los discos flexibles 5,25 (los grandes con agujero), la época dorada de los fascículos, colecciones de todo tipo o los míticos cromos.Desde Prensa Paco también se han vendido chucherías y se seguía “el ritual” de empaquetar pipas compradas a granel en cucuruchos de papel enganchando a la chiquillería del barrio.
Anécdotas, claro, por doquier. “En las famosas huelgas de Kelvinator allá por el 75 los trabajadores protagonizaron un encierro en la iglesia de Fátima (enfrente del kiosco) y la Guardia Civil intentó echarlos pero no pudieron. El cura fue el primero que no les dejó entrar”. Los vecinos del barrio les llevaban comida y tabaco a la parroquia pero los guardias prohibieron los alimentos y únicamente permitían los cigarros. Entonces, desde el kiosco de Paco idearon el plan: vaciar los cartones de tabaco y meter en ellos “bocadillos, chorizos...”.
En otra ocasión, otro encierro, pero esta vez fueron ellos mismos, los kiosqueros, y los vecinos del barrio los que echaron llave cuando al párroco Pedro Cid querían trasladarlo. “Tenemos mucha amistad con él”. Tanto es así que en Prensa Paco tienen las llaves de Fátima para recoger correo o mirar el contador del agua.
Fotos cedidas por Paco Pérez y Amalia Pascual. En la imagen de la izquierda: Paco en su primer kiosco de madera; a la derecha, Paco y Mali en el de aluminio.
Noticia original: Getafe Capital

















